No sé por qué nos
sorprendemos de las cosas que ocurren. La sociedad se
revuelve con las idas y venidas de sobres, imputaciones,
“desimputaciones”, enchufismos
varios… en definitiva, con las corruptelas de mayor o menor
envergadura que asaltan los periódicos, emisoras de radio o
programas de televisión todos los días. Pero cada vez más, los hechos me confirman que en este país nuestro somos así. Y me voy
a explicar.
Sábado noche. Pub de
Madrid. Un gin-tonic (más bien poco cargado)
=
Domingo, 7 de la mañana.
Ibuprofeno + agua
=
Garrafón
¡Ocho euros de garrafón!
Me indigné. Me indigné tanto que a mi edad, ¡quién me lo iba a
decir!, he decidido comprarme una petaca. Para las contadas veces que me apetece disfrutar de una copa no estoy dispuesta a que me
tomen el pelo y mucho menos a que jueguen con mi salud (os invito a que
miréis lo que cuenta la wiki acerca del garrafón). Parece ser que el
propietario del local no tiene suficiente con
sacar un beneficio de al menos el 100% a esa copa, quiere más, dándole igual a costa de qué. Así que, de momento y hasta que encuentre una que sea de mi agrado, soy
amante fiel de Mahou (o similar). En mi búsqueda de información sobre el tema encontré esta web donde se indican los bares/pub/discos donde puedes encontrarte con el maligno.
Pero ésta solo es una de
tantas. Lo peor, seguro, será descubrir a ese que sirve copas de alcohol adulterado diciendo: “¡Qué vergüenza, en qué país vivimos!”. Y no lo digo
por decir, que hay a algunos a los que oigo quejarse que tienen alguna que
otra cosa que callar. ¡Qué hipocresía!
Así pues: ¿De qué nos
sorprendemos?
Bebe con moderación. Es tu responsabilidad.
Bebe con moderación. Es tu responsabilidad.

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